Saliendo de la Oscuridad, por Stela

martes, 14 de septiembre de 2010

Cap. 23 ¿Por qué no me lo dijiste?

Cuando entré en casa todo estaba en silencio. Por un momento pensé que no había nadie pero la voz de mi madre me indicó lo contrario.

- Scarlet, ¿podemos hablar?


Me dirigí al salón con cautela. Yo había venido con la idea de hablar con ella para saber los motivos por los que me había estado ocultando que salía con mi profesor pero, al parecer, ella tenía algo importante que decirme.


- ¿Hay algún problema? – le pregunté cuando me senté en la butaca, en frente de ella.


- Bueno, problema no, pero hay algo que quiero contarte, aunque creo que lo sabes.


Esperé a que continuara. Si estaba hablando de lo que yo pensaba, ¿por qué estaba tan nerviosa?
- Desde que tu padre y yo nos… separamos, no sé si te habrás dado cuenta, pero me he sentido un poco sola y bueno, no quiero estar así siempre y pensé en rehacer mi vida.


- ¿Rehacer tu vida? ¿Tan pronto? Lo hubiera entendido si hubiera pasado más tiempo. ¡Os divorciasteis prácticamente ayer! De todas formas, después del accidente… ¿De verdad crees que alguno de nosotros tres podremos rehacer nuestras vidas después del accidente? A veces parece que no te importa nada.


Me arrepentí de estas palabras nada más pronunciarlas. Sobre todo de la última frase. Pude apreciar como se le descomponía el rostro.


- Lo siento, no debí ser tan brusca.- me apresuré a decir. – Lo último lo he dicho sin pensar, lo siento.

- Pero no lo primero… - susurró para que no lo oyera, pero si lo hice, aunque no dije nada. – Tranquila, se que ha sido muy duro para ti también…

Recordé las muchas veces que me había pasado encerrada en mi cuarto, llorando y echándome la culpa de todo. También recordé las otras muchas veces que ella había venido a consolarme y repetirme que yo no era la culpable.


- ¿Y quién ha tenido la culpa entonces?- le preguntaba. – Si no hubiera insistido tanto… - y me echaba otra vez a llorar.

- Son cosas de la vida que uno no puede evitar – me respondía, aunque podía notar la perdida y el dolor en su voz. No puedo soportar verte así, cielo…


Nos quedamos en silencio durante un rato. Me devané los sesos intentando buscar algo que decir pero no se me ocurría nada. Lo peor de todo era que no era un silencio normal y corriente, sino un silencio incomodo, de esos en los que hay que decir algo pero no sabes qué.


- Entonces… creo que lo sabes – dijo de repente casi en un susurro.


- Si te refieres a lo de rehacer tu vida, si – le contesté.


- ¿Y cómo lo supiste? – me preguntó con curiosidad.


- ¿Te acuerdas de ese día que te dije que iba a ir a dar una vuelta con David y tú me dijiste que tu ibas a salir con tu amiga Rachel?

- Si, me acuerdo.

- Pues David y yo os vimos en la cafetería del centro comercial… besándoos.

- Ah… - se limitó a decir.

- Si… ah… - susurré.

Se produjo otro silencio, pero este fue aún más incomodo que le anterior. Aunque no duró tanto.

- Siento que te enteraras de esa manera…


Yo también, pensé.

- ¿Por qué no me lo dijiste? – le pregunté.


- Bueno, hay ciertas cosas por las que hay que esperar el momento y la forma adecuados para contarlas. Aunque está no es la mejor forma para hacerlo. Quería contártelo pero no sabía ni cómo ni cuándo.


- En vez de decirme que ibas a dar una vuelta con Rachel, podrías haberme dicho que ibas a salir con él. No sé como hubiera reaccionado, pero seguramente mejor que antes.


- Puede que hubiera sido lo mejor.

- ¿Lo sabe alguien más? ¿Papá…?


- No, no se lo he contado.


- ¿Y piensas hacerlo?

- No lo sé. Puede que cuando te lleve a Jacksonville.


- De acuerdo.


Me levanté para subir a hacer los deberes. Cuando estaba a la mitad de las escaleras, se me ocurrió algo.

- Ah, ¿va a venir a casa? Para hacerlo oficial o yo qué sé.

- Viene a cenar mañana – me respondió.

Cenar. Mañana. Genial…


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¡Espero que os haya gustado!

Bueno, bueno, bueno. Ya ha llegado septiembre, lo que significa que el calor se va (¡bieeeeeeeen!, las vacaciones se acaban y se empieza el curso. Estaba deseando que terminara el curso porque (1) ODIO el sofocante calor veraniego y (2) ¡porque me aburro! Si, habéis oído bien, me aburro. Creedme, no se cuantas vacaciones de verano tendréis al otro lado de charco (frase de Majo, :)) pero aquí nos dan 3 meses, eso sin contar la Navidad, la Semana Santa, los festivos, etc. Y claro, 3 meses son mucho tiempo libre y una (yo) acaba deseando que llegue el frío, los amigos, las clases y demás. ¡Y mi deseo se ha cumplido! Pero tiene su lado malo: menos tiempo para escribir y publicar. Seguramente ya os habréis dado cuenta ya que entre estas últimas entradas ha pasado más tiempo que habitualmente. Os informo que el panorama seguira mas o menos asi. Intentaré publicar en Blogger (ya que tambien tengo que publicar en el otro blog) una vez por semana como mínimo. Pero estoy no os lo aseguro al cien por cien. Asi que, chic@s: paciencia. Espero que me comprendais.

Y bueno, después de soltar todo este rollo...

¡Comentad!

Besos,

Stela

viernes, 3 de septiembre de 2010

Cap. 22 Suerte

- En serio, no sé cómo he podido estar tan ciega – me repitió Nicole varias veces ese mismo día.

- Bueno, en cierto modo te comprendo. Siempre te había gustado Jason y que justo cuando por fin sales con él te digan que te está engañando…


- Ya, pero si me lo dices tú… no debí haber desconfiado de ti.

- ¿Te das cuenta de qué todo el instituto ha oído tus gritos? – me preguntó David que hasta ahora se había mantenido callado.

- Bah – respondí con indiferencia. – Me da igual, los gritos han ido para Jason. Se reirán de él porque le ha gritado una chica delante de todos, no de mí.

- Bien pensado – dijo. Y, luego, con una gran sonrisa, añadió - ¿Todavía quieres que le dé la lección?

Me reí.

- Ojala, pero creo que con lo de hoy habrá tenido bastante. Además, no quiero que me detengan por maltrato escolar.


Nos reímos los dos a la vez y me pasó el brazo por los hombros.


Nicole nos miró preocupada.


- ¿De qué habláis? ¡¿Te han detenido?! – preguntó alarmada. Esta Nicole…, pensé, tan exagerada como siempre.

- No, tranquila, no te preocupes, son cosas nuestras.

- Ah – nos miró extrañada y un instante después sacudió la cabeza.


En ese momento nos cruzamos con el señor Johnson, el profesor de francés. Cuando me vio me dirigió una sonrisa y un “hola” demasiado alegre. Yo me limite a mirarle con cara de pocos amigos pero debía de estar tan feliz que o no se dio cuenta o no le importó.


Los que si se dieron cuenta fueron Nicole y David.

- ¿Todavía no te lo ha dicho tu madre? – me preguntó David.

- No – respondí molesta – todavía no.


- ¿Qué ha pasado? – preguntó Nicole.


- Suspendí un examen de francés hace poco y el señor Johnson me dijo que quería hablar con mis padres para…


Seguí contándole la historia de camino al aparcamiento, hasta que (como siempre) me interrumpió. Estábamos parados delante del coche de David apuntó de meternos el y yo.

- Oh, me parece que me lo vas a tener que seguir contando luego, normalmente el que me lleva es Jason…


- Si quieres que te lleve a ti también no hay ningún problema – sugirió David.

- ¿En serio?


- Claro, siempre y cuando tú casa este antes que la de Scarlet…


- Entonces sí, gracias.


- Bueno a lo que iba – y terminé de contarle la historia.


- ¿Estás segura de qué era tu madre? – me preguntó Nicole al rato sobre lo que David y yo habíamos visto en el centro comercial.


- Claro que era ella, estoy completamente segura. Además, cuando volví a casa le solté alguna indirecta y deberías haber visto la cara que puso. ¿No has visto como ha reaccionado el señor Johnson al verme?

Se quedó pensativa un buen rato.

- ¿Por qué no pruebas a decírselo directamente? Sin rodeos. Pero que no parezca que estés muy enfadada, solo un poco molesta – propuso de repente.

- Mas bien muy molesta.

- Pero, ¿Estás “muy” molesta porque no te lo ha dicho? ¿O porque sale con otro hombre que no es tu padre? – preguntó con intención.

Esta vez fui yo la que se quedo pensativa.

La verdad es que no me había parado a pensarlo. Me molestaba que no me lo hubiera contado, pero, ¿influía más el hecho de que no estuviera con mi padre? Medité sobre ello el resto del trayecto que transcurrió silencioso, extrañamente silencioso.

- Si, ¿verdad? – preguntó Nicole cuando estuvimos en frente de su casa.

Asentí.

- Intentaré hablar con ella – decidí finalmente.

- Que tengas suerte.

- Te ha dado en que pensar, ¿no? – me preguntó David un vez que el coche se puso en marcha otra vez.

- Mucho.

Cuando llegamos a mi casa me limité a besarle y a salir del coche, tenía cosas que hacer esta tarde.

- Suerte – oí lejanamente que me decía antes de que la puerta se cerrara. Pero mi mente no estaba prestando atención, intentaba concentrarse en como preguntarle a mi madre sobre lo del señor Johnson y ella.


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Espero que os haya gustado.

Se qué ultimamente estoy tardando mas en publicar pero es que tengo en mente nuevas ideas para la historia y tengo que organizarlas bien. Espero que me comprendáis.

No olvideis votarme, :)

¡Comentad! ¡Necesito vuestras opiniones!

Besos,

Stela